La cuarentena se carga la temporada turística

 

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España es actualmente un país mucho más seguro que el Reino Unido. Lo dicen claramente las cifras. El Reino Unido tiene un mayor número de contagiados por coronavirus que España. Lo dicen también los hechos. Dos ministros británicos están estos días pasando sus vacaciones en nuestro país. Sin embargo, el Gobierno de Boris Johnson decidió el lunes de forma unilateral imponer una cuarentena a todos los viajeros que lleguen al Reino Unido desde España. Esta decisión, qué duda cabe, supone un brutal golpe a nuestro turismo, un sector que representa en torno al 15% del PIB y genera casi el 13% del empleo.

Entre los responsables del sector turístico, las críticas a esta decisión han sido prácticamente unánimes. Hasta el secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Zurab Pololikasvili, ha advertido de que este tipo de medidas unilaterales pueden “crear confusión y traer consecuencias innecesarias, destruyendo lo que se ha construido en los últimos meses”. El máximo representante de la agencia de turismo de Naciones Unidas llegó a afirmar que la medida del Reino Unido es “muy dolorosa” y alertó de que este tipo de respuestas de los gobiernos “más aún, pueden socavar la confianza pública, un bien valioso para cuyo restablecimiento hemos trabajado duramente en estos meses difíciles”.

Es cierto que hay otros países que tienen establecidas algún tipo de restricciones para los viajeros procedentes de España. Sin embargo, el caso del Reino Unido es especial. Los británicos conforman nuestro principal mercado. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), de los 83,7 millones de turistas extranjeros que en 2019 estuvieron en España, un total de 18,07 millones eran británicos. Parece evidente que la imposición de este tipo de cuarentena es una catástrofe para el sector turístico, especialmente para las islas, la Costa del Sol o la Costa Blanca.

No ayuda, desde luego, el desdén con el que algunos están tratando el turismo este verano. Fernando Simón, el director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, llegó a decir que si el Reino Unido desincentiva los viajes de sus ciudadanos a España nos quitaban un problema de encima, por lo que la Mesa de Turismo ha pedido ya su dimisión. Igualmente, en las redes sociales estamos viendo continuamente estos días mensajes que desdeñan que la importancia del turismo en España y hablan de diversificar la economía como si de la noche a la mañana pudiera convertirse a os empleados de un hotel en ingenieros aeronáuticos. Y, ¡ojo!, que de diversificar la economía soy yo el primer partidario, pero las cosas no se hacen a las bravas y mucho menos tirando por tierra el sector económico que hasta ahora ha sido nuestro principal sustento.

Como periodista, creo, además, que los medios de comunicación deben hacer un ejercicio de responsabilidad. Hay que informar, por supuesto, pero con rigor. Titular cientos de informaciones hablando del agravamiento de la pandemia cuando lo cierto es que en los últimos ocho días se han registrados seis muertes en todo el país no parece demasiado serio. No estamos jugando mucho. La ‘temporada alta’ está siendo muy dura para muchos empresarios y muchos trabajadores. Y lo peor es que el otoño no augura buenas previsiones.

Si algo nos está demostrando la pandemia que nos ha tocado vivir es que no sabemos nada. En una sociedad acostumbrada a las certidumbres inamovibles de los comentaristas de televisión, tenemos ahora que aprender sin saber qué va a suceder mañana. Por ello es difícil asegurar qué va a pasar con el turismo. Pero si sabemos algo del comportamiento habitual de los británicos es que no son de cambiar sus decisiones fácilmente. La cuarentena se va a mantener, al menos en las próximas semanas, por lo que, turísticamente hablando, al verano no le queda mucho. La cuarentena ha venido a ponerle la puntilla.

El turismo es como el fuego: sirve para cocinar, pero también puede quemar la cocina

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Campfire at Wilderness Campsite

El turismo es como el fuego: sirve para cocinar, pero también puede quemar la cocina. Llamó mucho la atención ayer esta frase pronunciada en el curso ‘Reinventando y rediseñando el turismo’ que se desarrolla dentro de las jornadas Nuevos Horizontes XXI que han organizado CIFAL Málaga, la Fundación General de la Universidad de Málaga (FGUMA) y la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA). 

Fue Claudio Milano, director del instituto de investigación IDITUR de Ostelea, quien se refirió de esta forma tan curiosa a la actividad turística, en referencia a la paradoja que están viviendo muchos destinos turísticos debido a la crisis provocada por la pandemia de coronavirus. Y es que muchas ciudades han pasado de la turismofobia, debido a la masificación que muchos turistas y visitantes provocaban en calles y monumentos, a echar de menos a estos mismos turistas, conscientes de que la actividad turística puede ser un buen elemento de desarrollo.

En este sentido, Milano, uno de los mayores expertos en investigación turística que hay actualmente en España, fue tajante: el turismo no va a volver a la viaja normalidad. Habrá turismo, sin duda, porque el viajar es un derecho humano y en cuanto recuperemos la situación sanitaria la gente querrá volver a conocer sitios nuevos, visitar amigos, disfrutar de experiencias diferentes. Por ello, apostó por la moderación y por sentar las bases de un nuevo modelo turístico basándose en criterios de innovación, seguridad y sostenibilidad. Eso sí, siendo conscientes de que cualquier actividad humana produce un impacto y, por tanto, no podrá ser nunca plenamente sostenible.

En el mismo sentido, el profesor Dimitrios Buhalis, director del eTourismLab de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido), hizo una cerrada defensa de la necesidad de cambiar el paradigma turístico apostando por el turismo de cercanía, la digitalización, la seguridad y la formación. De esta forma, Buhalis coincidió en su planteamiento con las propuestas realizadas el día anterior, durante la conferencia inaugural, por el exsecretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT) Taleb Rifai. 

Carlos Costa, director del Departamento de Economía y Turismo de la Universidad de Aveiro (Portugal), fue el encargado de cerrar esta primera jornada del curso que dirijo junto al catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga José Luis Sánchez Ollero. Costa nos dejó un buen resumen de lo que deben hacer los destinos turísticos y las empresas del sector para remontar la crisis más grande a la que se han enfrentado hasta ahora:

Da un paso atrás y planifica el relanzamiento. Evalúa la posición y desarrolla planes estratégicos para el destino o la empresa.

Agudiza la investigación de mercado para identificar segmentos fuertes que puedan recuperarse primero; también nuevos mercados o nuevos segmentos en mercados existentes que puedan actualizarse.

Desarrolla una nueva estrategia de marca ya que la anterior puede verse empañada por la crisis.

Busca formas de diversificar el mercado después de la recuperación, especialmente si depende demasiado de una única fuente.

Trabaja en estrecha colaboración con la industria para desarrollar una serie de paquetes que se puedan lanzar con poca antelación. Los paquetes pueden incluir tarifas especiales para pasajes aéreos, alojamiento, alimentos y bebidas, etc.

Acuerda términos y condiciones mutuamente beneficiosos con los proveedores. Hazles parte del problema y la solución. Encuentra soluciones inteligentes y realiza reorganizaciones en tiempo real.

 

El turismo del futuro ya está aquí

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Teníamos los mejores datos. El sector turístico empleaba a principios de 2020 al 13,6% del total de los afiliados a la Seguridad Social en nuestro país. En materia de creación de empleo, el turismo ha sido durante los últimos años un sector especialmente integrador de colectivos con mayores problemas de inclusión laboral. España ostenta desde 2015 la posición de liderazgo en el Índice de Competitividad Turística elaborado cada dos años por el World Economic Forum. Ocupa el segundo puesto mundial en gasto realizado por turistas, con 89.856 millones de euros en 2019. También, es el segundo país del mundo en número de turistas extranjeros, con más de 83 millones de turistas internacionales recibidos en 2019. España se sitúa en tercera posición en el ranking de la Asociación Internacional de Congresos y Convenciones- ICCA 2019 (International Congress and Convention Association) con 595 eventos internacionales. La cultura es una herramienta fundamental para potenciar un turismo de calidad. El sector cultural es un elemento dinamizador del sector turístico, que permite diversificar y desestacionalizar la oferta y extenderlo también a la España interior. España dispone de una oferta cultural amplísima que debe consolidarse como elemento potenciador de un turismo de calidad.

¿Y ahora qué? Ahora ya tenemos aquí el futuro. En un sector altamente competitivo y globalizado como es el turismo en la actualidad, el liderazgo de España en la industria a nivel mundial va a depender de la capacidad que tengan sus actores de ofrecer un valor añadido al turista. Para que España mantenga este liderazgo mundial, hay que ser consciente de que, según el Consejo Español de Turismo, el sector turístico “desarrolla su actividad en un entorno económico globalizado, de gran incertidumbre y tremendamente cambiante, en el que se vislumbran nuevas tendencias y retos”. Ante este escenario cambiante y de gran incertidumbre, especialmente en estos momentos debido a la crisis global por la pandemia de Covid-19, es necesario que el turismo español desarrolle continuamente nuevos proyectos para seguir siendo una industria sólida, con una consolidada posición de liderazgo internacional y con un potencial incansable. En este sentido, el sector turístico español debe reinventarse, ya que el modelo de turismo que se ha ofrecido tradicionalmente puede no funcionar en los próximos años, porque la viabilidad de los mercados de sol y playa no es sostenible a largo plazo por las nuevas tendencias del mercado turístico.

España se ha posicionado como líder mundial en el desarrollo de los destinos turísticos inteligentes. La propia OMT ha reconocido que “el uso de soluciones tecnológicas que plantea el modelo de destino turístico inteligente contribuye a mejorar el proceso de toma de decisiones informadas, la priorización de medidas y la anticipación de futuros escenarios, lo que es esencial para la gestión responsable del Turismo y su impacto”. Y es que la innovación y las nuevas tecnologías ya están impulsando importantes transformaciones en el sector turístico; tanto en la cadena de valor como en los mercados o en la demanda de cualificaciones profesionales. Por ello, gobiernos y empresarios han de estar atentos a estos cambios, pues el futuro del turismo y su potencial para fomentar el desarrollo, el crecimiento y la creación de empleo, dependerán de su capacidad de reconocer las tendencias y cambios, y de su capacidad de adaptación a los mismos.

Parece evidente -y así se ha vuelto a poner de manifiesto durante la crisis- que es necesario contar, más que nunca, con indicadores, datos e información a tiempo real para poder prever escenarios y comportamientos e implementar, en su caso, las políticas adecuadas. Es fundamental el rediseño del vigente sistema de conocimiento e inteligencia turística de España, teniendo en consideración las necesidades de información del sector.

El impacto del coronavirus sobre la actividad turística y la necesidad de tomar decisiones y diseñar acciones en un entorno cambiante de enorme volatilidad exige replantear el actual sistema de conocimiento turístico de España. Para ello, se deberán aprovechar las ventajas que brinda la transformación digital, las variaciones de precio y disponibilidades de bienes y servicios en los canales de comercialización, y los movimientos de personas -que por cortos que los mismos sean- dejan una traza digital que es posible anonimizar, tratar y analizar de forma segura para atender diferentes fines, entre ellos los turísticos. En línea con esto, se debe apostar por un nuevo sistema de información y conocimiento turístico capaz de ofrecer más periodicidad, menor decalaje y mucha mayor movilidad espacio-temporal. Será necesario identificar nuevas fuentes de información, con mayores niveles de granularidad a nivel territorial, y con capacidad de detectar variaciones en las variables objeto de análisis por pequeñas que estas sean.

La detección de tendencias y comportamientos de los consumidores es fundamental para cualquier negocio que busque ser competitivo. El descubrimiento de patrones del consumo se realiza a través tanto de técnicas Big Data como de minería de datos y ofrece a las empresas un amplio abanico de posibilidades: desarrollar nuevas oportunidades de negocio; adelantarse a la competencia mediante la detección de tendencia desconocidas en el mercado; enfocar las campañas de marketing en un sentido u otro; etc. En el ámbito de la digitalización, España debería aprovechar sus ventajas. La tecnología ha cambiado la forma de planificar y reservar los viajes, pero también la forma de disfrutarlos y compartirlos. El nuevo turista es exigente, espera recibir un servicio personalizado, demanda experiencias auténticas y destinos que ofrezcan una oferta diferencial, coherente con el entorno natural, social y cultural. El crecimiento de la “economía de datos” continuará fomentando la aparición de nuevos modelos de negocio que, desde dentro o fuera del sector turístico, afectarán a su funcionamiento. En este sentido, el turismo se enfrenta a un mundo más automatizado, donde el cliente exigirá más valor añadido, flexibilidad y personalización en cada interacción. Y esas interacciones serán, en gran parte, digitales. Además, la tecnología no sólo será un instrumento en manos del cliente, sino que las empresas y los destinos podrán utilizarla para mejorar el conocimiento sobre los consumidores y sus preferencias, y para mejorar la experiencia del usuario.

Al mismo tiempo, el turista requiere una atención más humana y personalizada para cada momento clave de su visita, posibilidad que facilita el Big Data, capaz de proporcionarnos una descripción tan precisa del turista que cualquier actor del sector turismo puede dirigirse a ellos como si los conociese ampliamente, de manera que serán capaces de personalizar y adaptar la oferta turística con el objetivo de que el viajero se sienta único y especial.

Actualizarse y utilizar herramientas que permitan facilitar el trabajo y dar una atención personalizada al cliente es hacia donde se dirige el sector. Pero para ofrecer esa atención exclusiva a cada cliente es necesario conocer las tendencias del turismo:

  • Turismo sostenible. Respetar el medio ambiente está cada vez más presente en los turistas.
  • Turismo inteligente. Se pone de manifiesto el poder que las nuevas tecnologías tienen a la hora de hacer llegar las ofertas al cliente.
  • Estrategia. El centro de toda la estrategia turística debe ser el cliente final.
  • Innovación. Es necesario diferenciarse de la competencia. La innovación en la creación y presentación de nuevos productos y soluciones para el turista es la mejor opción.
  • Turismo accesible. La meta es llegar a todos a través de la tecnología móvil.
  • Oferta diferencial. Para diferenciarnos, los empresarios deberán invertir en añadir valor a la experiencia del cliente en sus negocios (oferta diferencial en sus establecimientos, fuentes de ingreso complementarias al negocio básico, etc.). Así podrán diferenciarse, ganando poder de negociación y capacidad de diversificación en los canales de distribución sin penalizar los márgenes, y teniendo el precio como una variable relevante.
  • Concentración de negocio. Pero no todos los empresarios estarán dispuestos al desarrollo de estas inversiones, por lo que seguramente veremos un incremento de operaciones corporativas (más en 2021 que en 2020) tendentes a una concentración en un modelo como el español muy atomizado, ya que el tamaño del negocio será relevante a la hora de abordar inversiones.
  • Modelos de gestión exitosos. Dentro de estas operaciones corporativas, seguramente veremos un auge en el desarrollo de los modelos de asset light, donde se extenderán los modelos de gestión “exitosos” (donde quedará muy clara la separación de activos de la gestión) y la entrada cada vez mayor de inversores de países “no tradicionales” (ej: China, India, etc.).
  • Internacionalización. Seguiremos viendo la internacionalización creciente de nuestras empresas a cada vez en destinos más “lejanos”. Se llevará nuestro exitoso modelo de negocio y la marca España como potencia turística, allá donde haya visitantes dispuestos a vivir experiencias inolvidables. Esto no solo hará que nuestros empresarios sigan creciendo en negocio y prestigio, sino que potenciará la madurez de nuestro modelo turístico siendo exportado a países totalmente diferente al nuestro.
  • Turismo urbano. El nuevo turismo será en muchos casos un mix de “business&leisure”.
  • Digitalización. El crecimiento de la digitalización del sector como base de atracción y retención de clientes (viajeros) en general, pero en especial para la generación de millennials y la Generación Z, que tienen el ocio y el turismo como primer objetivo de consumo, y que son digitales nativos. Así, veremos la aplicación cada vez más frecuente de tecnologías como la realidad aumentada, el blockchain o la identificación biométrica junto con la personalización de servicios a través de la analítica avanzada. Lo que antes era una innovación, pasará a ser una necesidad.

El sector turístico internacional diseña en Málaga sus nuevos horizontes

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La crisis generada por la pandemia de Covid-19 ha puesto de manifiesto que el turismo necesita un rediseño. No se trata de cambiar todo lo que hemos hecho hasta ahora. Muchas cosas se estaban haciendo bien. Pero todos somos conscientes de que hay aspectos que modificar. ¿O queremos volver a ver ciudades masificadas en las que los vecinos tienen que dejar sus barrios de siempre porque no pueden acceder a un alquiler? Eso por no hablar del deterioro de espacios naturales, la politización de los organismos gestores de promoción, la falta de innovación en algunos ámbitos, etc.

Teniendo en cuanta el diagnóstico, es hora de buscar el tratamiento. Y para ello lo mejor es contar con los mejores expertos en la materia. Precisamente, CIFAL Málaga, el Centro Internacional de Formación de Autoridades y Líderes que depende de la agencia de Naciones Unidas UNITAR, junto a la Fundación General de la Universidad de Málaga y la Universidad Internacional de Andalucía, ha organizado este año de forma extraordinaria un paquete de cursos englobados bajo el título ‘Nuevos Horizontes XXI’. Uno de los cursos, titulado ‘Reinventando y rediseñando el turismo’, tiene como objetivo sentar las bases del futuro del turismo en el mundo.

Este curso, dirigido por el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga José Luis Sánchez Ollero y por mí mismo, es realmente espectacular por el nivel de los ponentes que tiene. Así lo digo, sin falsa modestia. La conferencia inaugural de los cursos será impartida por el ex secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT) Taleb Rifai. Por lo demás, contaremos con la experiencia y la sabiduría de ponentes de la talla de Claudio Milano, director del IDITUR de Ostelea; Dimitrios Buhalis, director del eTourismLab de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido) y uno de los mayores expertos del mundo en comunicación turística; o Carlos Costa, director del Departamento de Economía y Turismo de la Universidad de Aveiro (Portugal).

Para hablar de la importancia que la sostenibilidad, la innovación, la diversificación y la implicación de la comunidad van a tener como pilares del nuevo turismo contaremos con Fernando Mandri, presidente de Integra Tourism for Good (México); Fernando Valero, socio de Consultoría de Negocio e Innovación de Grant Thorton; Ana Báez, presidenta de Turismo y Conservación Consultores (Costa Rica); y Sebastián Paoa Águila, CEO de Kava Kava Tours y ex jefe del departamento de Promoción Turística del Parque Nacional Rapa Nui (isla de Pascua). En el ámbito más local en el curso estarán también Javier Sánchez-Rivas, miembro del Seville Tourism Sustainability Committee; Manuel Camacho, Adjunto a Dirección de Explotación y Operaciones en Soho Boutique Hotels; o José Mondéjar-Jiménez, catedrático de Estadística de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Finalmente, contaremos con Genoveva Millán Vázquez de la Torre, catedrática de la Universidad Loyola Andalucía; Yassine Tebaa, profesor de la Universidad Abdelmalek Essaadi de Tetuán. (Marruecos); Javier Ortiz, socio fundador de Sexta Planta; y Miguel Estevez, director del Hotel Barceló Carmen de Granada. Con tal panel de expertos no es de extrañar que ya hayamos leído en las redes sociales que el futuro del turismo se va a rediseñar este verano en Málaga. No sé si llegaremos a tanto pero lo que está claro es que en estos cursos vamos a poder formular propuestas reales que posibiliten el resurgimiento de la industria turística, sentar las bases para la recuperación del pulso en la actividad turística y corregir los excesos de la actividad manifestados antes del parón de la actividad. Porque, a falta de estadísticas y datos cuantitativos, la experiencia de los profesionales del sector constituye la sabiduría colectiva necesaria para afrontar con garantías la nueva situación. Más información de los cursos en https://www.cifalmalaga.org/web/curso-cifal/

El turismo de la Costa del Sol apuesta por su transformación

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Recuperación del turismo rural, demanda española, turismo de cercanía… El Instituto Universitario de Investigación de Inteligencia e Innovación Turística de la Universidad de Málaga ha publicado hoy los resultados del estudio sobre la percepción del impacto del Covid-19 en el turismo de la Costa del Sol, que han realizado los profesores Germán Ortega, Alfonso Cerezo, Enrique Torres y Enrique Navarro. La investigación reúne la opinión de 156 profesionales y técnicos del sector turístico entre los meses marzo y abril y establece elementos de cambio para la transformación del turismo de la provincia.

El impacto percibido por zonas turísticas no difiere mucho de otras encuestas en España y Europa, siendo el turismo de interior el que tiene las mejores perspectivas de futuro, pudiéndose presentar esta crisis sanitaria como una oportunidad si se gestiona correctamente, ya que la demanda potencial de fuerte componente local y regional, es por su propia naturaleza minoritaria y de poca interacción social, por lo que, como se ha manifestado ya en diversos foros en la provincia, este tipo de turismo sería el que más garantías de salubridad ofrecería.

Por tanto, la percepción que tienen los actores sobre el impacto negativo que tendrá la crisis de Covid-19 en el interior de Málaga será menor que en las otras zonas de la provincia (62,8% con impacto alto y muy alto). Las dos costas, que acumulan el 88% de las plazas turísticas regladas de la provincia (307.324 plazas), están vinculadas desde hace tiempo al turismo de masas, y la occidental con los resultados menos positivos (87% con impacto alto y muy alto) depende muy especialmente del turista extranjero (británico, sobre todo).

Las posibilidades para esta temporada de verano dependerán de los corredores aéreos que se establezcan en la UE a partir de julio, junto con la situación en Gran Bretaña, tanto por la fase de la desescalada en la que esté, junto con las conexiones aéreas establecidas entre ambos espacios. Resultados ligeramente mejores presenta Málaga capital (80% con impacto alto y muy alto), sin duda el destino con más tipologías de turismos específicos (cultural, gastronómico, MICE…) y sobre todo menos estacional, lo que le ofrece mayores argumentos para una mejor recuperación. En cualquier caso, parece que las previsiones están siendo más positivas en junio respecto al periodo de encuestación.

En cuanto al impacto que esta crisis va a tener por mercados emisores en 2020, las opiniones del sector en el momento de realización de la encuesta han sido muy rotundas, con valoraciones muy próximas a 7 (valor más negativo de la escala), lo que se traduce en la pérdida de algunos mercados en este año. Sin embargo, muchos estudios cuantitativos realizados por organismos nacionales e internacionales (OMT, Exceltur, Banco de España…) no han sido tan pesimistas, sobre todo en lo relativo al mercado nacional y en menor medida al europeo. Esto no significa que la temporada turística vaya a ser ni mucho menos buena, pero la caída de la demanda en el conjunto de 2020 (sobre todo la nacional), parece que finalmente no va a ser tan grave como se preveía en las primeras semanas de confinamiento.  Estos datos son significativos porque las percepciones condicionadas por la percepción de un momento en determinadas ocasiones pues ser menos reflexivas y condicionar el proceso de toma de decisiones.

En la valoración de los impactos que la pandemia puede generar sobre el sector, destaca en términos negativos es la “Disminución de los beneficios empresariales” que puntúa un 6,2 sobre 7, hecho sobre el que puede haber influido que el 70% de los encuestados son empresarios/ejecutivos de empresas turísticas. Le sigue la “Pérdida de empleos de manera permanente” (5,8) y la “Quiebra de empresas turísticas” (5,2) que no hayan podido aguantar la caída de la demanda y la parada temporal del turismo durante el Estado de Alarma. La percepción sobre la “Llegada de turistas con menor poder adquisitivo” alcanza un valor más moderado (5,03), de lo que se deduce un temor latente por dos ideas que subyacen a la más que probable bajada de precios post-Covid.

Por un lado, la mayor cuota de turismo nacional que se supone de menores rentas que el extranjero; y por otra, a corto plazo la reactivación de la actividad pasa por estrategias de competitividad bastantes agresivas captando una demanda disminuida, y en las que se llega a esta situación, va a suponer unos costes que al parecer los encuestados traducen en una disminución del beneficio empresarial, y no tanto en “La bajada de salarios” que se valora como el segundo impacto menos negativo (4,8) posiblemente por considerar la rigidez de los convenios, aunque evidentemente algún efecto deberá tener sobre la precariedad del empleo en una actividad en la que en la que el uso de la contratación temporal y parcial trasladan una sensación de precariedad.

La valoración sobre la efectividad de las posibles estrategias propuestas para superar esta crisis deja una conclusión clara: es necesario actuar. De las 14 tipologías de estrategias planteadas a los encuestados las valoraciones oscilan entre 4,6 y 6,5 en una escala donde 7 representa el valor de máxima efectividad para la impulsar la recuperación. Esto quiere decir que, incluso la peor valorada, obtiene una puntuación aceptable como para implementarse. De lo que se infiere también que la recuperación de la demanda y la actividad no va a llegar por si sola y que es básico implementar estrategias específicas de recuperación.

Si descendemos a la valoración concreta de cada estrategia, la mejor puntuada y considerada esencial (6,5) es el “Desarrollo de nuevos productos y servicios adaptados al contexto posCOVID-19”, que presupone ciertos cambios en los hábitos y formas de consumir servicios turísticos. La segunda estrategia, también con una alta valoración (6,3) y considerada fundamental, es la de “Reforzar la salubridad del destino”, lógico dado el origen de esta crisis y donde la proyección de destino seguro va a ser un factor clave de competitividad.

A continuación de estas dos estrategias “estrella”, se suceden cuatro bastante importantes que se sitúan en un rango de valoración entre 5,5 y 6,0. La primera de ellas es la concesión de “Incentivos públicos a las pequeñas y medianas empresas del sector”. Esta preocupación es lógica ya que el sector turístico malagueño está formado en su mayoría por pymes y son parte fundamental de la cadena de valor. Algunas de estas ayudas ya se han puesto en marcha, como las ayudas a los autónomos y las posibilidades de acogerse a los ERTE.

La siguiente estrategia con una valoración de 5,8 es “Reforzar la colaboración público-privada”.  Los “Créditos blandos” también con una alta valoración (5,6) son demandados aun habiendo abiertas líneas de créditos de este tipo de carácter general (créditos ICO), por lo que los problemas de liquidez (no tanto de ingresos futuros) se revela como una de las grandes preocupaciones. Por último, en este grupo se posiciona el ofrecer “Facilidades en la gestión de reservas” (5,63) realizadas previo al confinamiento, tanto con intermediarios como con el cliente final.

En coherencia con los resultados sobre el impacto en los espacios turísticos de la provincia, donde la zona litoral se percibía como la más afectada por la crisis, las “Estrategias anti estacionalidad” (5,4) se priorizan sobre otras, posiblemente buscando alargar la temporada y compensar el parón en meses fuerte como mayo y junio, que van a generar un flujo de turistas prácticamente nulo. En las posiciones 8ª y 9ª, ya en la mitad menos valorada, encontramos respectivamente a las “Estrategias específicas de promoción” tanto para destino (5,4) como realizadas por las empresas (5,2); estas aun teniendo una alta valoración sorprende no obtengan valores más elevados ya que la mayoría de estudios analizados sobre otras crisis generadas en el turismo por shocks exógenos han definido este tipo de estrategias como eficientes (en el brote de SARS en 2003 se pusieron en marcha campañas para recuperar la confianza de los turistas que reforzaban la idea de que los destinos eran seguros y zonas libres del virus.

El ofrecer “Incentivos públicos a las compañías aéreas”, (5,2) para que mantengan el tráfico aéreo y las conexiones del aeropuerto de Málaga no es muy destacada, así como el “Desarrollo de los turismos específicos” (5,0). El caso de esta última estrategia, también resulta llamativo que no tenga una posición más relevante, tal vez por entenderse similar o por solaparse con la estrategia más valorada (“Creación de nuevos productos adaptados al contexto”) Por último, las que menos apoyo recogen son los “Incentivos públicos a las grandes empresas” (4,9), se deduce que es una percepción derivada del tipo de empresariado de la provincia y, a su vez, por considerar que las grandes compañías tienen medios suficientes para superar la crisis.

La “Diversificación de mercados emisores” (4,8) tampoco ha sido especialmente valorada, en parte porque al haber una pandemia global, todos los mercados se han visto perjudicados como así señalan los informes de las Consejerías de Turismo en el exterior de -Turespaña sobre situación y tendencias en los mercados emisores, aunque dirigirse prioritariamente al mercado nacional parece que está siendo una estrategia asumida por todo el sector; y por último las “Estrategias de precios” (4,65), lo cual indica que no se considera como medida estratégica usar las bajadas de precios como una política de recuperación, sin que esto quiera decir que no se haga en el corto plazo y para determinadas categorías, productos y espacios a fin de captar los clientes que se vayan incorporando al mercado. En cualquier caso, parece que hay un temor generalizado a entrar en estas dinámicas tan competitivas como nocivas, aunque como indicamos, vayan a ser inevitables en mayor o menor medida.

Si consideramos la encuesta en su conjunto se puede asegurar que ya en los inicios del Estado de Alarma, los actores turísticos de la provincia de Málaga fueron conscientes de la gravedad y profundidad de la crisis y que señalaron como destacados los daños de la misma en el ámbito de las empresas privadas y en el del empleo, considerando necesario de forma prioritaria las ayudas a las pymes y que la oferta, productos y destinos, se adaptaran rápidamente a las nuevas circunstancias, con la mejora de las garantías de salubridad.

En distintos medios profesionales, académicos y sociales se debate si esta crisis puede suponer un punto de inflexión en el sector, que puede suponer una oportunidad para repensar la industria turística, haciéndola más sostenible y responsable, incluso un cambio de modelo. Los resultados que arroja la encuesta sobre las posibles aportaciones o aspectos positivos de la crisis al turismo, una mayoría de los encuestados (44,5% del total) opina que nada y un 14,6% ni contesta, se ejemplifica así que en marzo-abril aún era pronto para valoraciones en un futuro incierto. Sin embargo, resulta llamativo que nada menos que el 35% de los encuestados si pensaba efectos positivos, por ejemplo, que servirá para reestructuración del sector (10,4%) o que será un alivio del ecosistema (9,8%).

Parece claro, vistos los resultados de la encuesta, que las opiniones de los actores turísticos malagueños en marzo-abril eran muy acertadas y realistas, de lo que se deduce que el sector es realista y afronta el futuro con valentía, pero que también reconoce las debilidades que ahora se muestran con más claridad y una parte propone cambios para un futuro a medio plazo. La crisis sanitaria del COVID- 19 ha puesto de manifiesto una vez más lo vulnerable que puede ser el turismo a factores externos, por lo que ahora más que nunca, todos los actores deben estar a la altura de los desafíos que presenta esta nueva coyuntura.

Revalorizando el rol del turismo para utilizarlo como un catalizador del desarrollo sostenible en la era post COVID-19. Un análisis entre Málaga y Cancún

Vicente Ferreyra (Cancún, México) / Francisco M. Pastor (Málaga, España)

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Turismo, esa actividad tan relevante.

El turismo es una de las actividades económicas más importantes a nivel global. Es la tercera industria en exportaciones solo detrás de petróleo y la industria de productos químicos; genera alrededor del 10% de PIB global, produce 1 de cada 11 empleos y representa 7% de las exportaciones globales y hasta el 29% de exportaciones específicamente en el sector servicios. En más de 60 países el turismo está considerado como la principal industria exportadora y en 150 países figura entre las cinco primeras; también representa la mayor fuente de divisas para un tercio de las economías en desarrollo y para la mitad de los países considerados menos desarrollados.

En 2019, antes de la pandemia global y la desaceleración que vivimos ahora, llegamos a la cifra de 1,500 millones de turistas internacionales, y se calcula que los turistas que viajan por sus propios países realizan entre cinco y seis mil millones de viajes anualmente.

El turismo bien gestionado ha sido reconocido por la Organización Mundial del Turismo (OMT) y otras instancias como una herramienta para el entendimiento cultural, promoción de la paz, apoyo para la preservación del patrimonio biocultural y una solución en la lucha contra la pobreza.

Las previsiones en este año, sin embargo, no son buenas; la disminución proyectada para los viajes en 2020, debe hacernos revalorar la importancia del turismo y darnos oportunidad de repensar cómo queremos ver esta actividad a futuro.

¿Qué sucede en España y México?

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En España, el turismo es el sector que más riqueza aporta a la economía, con un impacto total de 176,000 millones de euros anuales, que representan el 14.6% del Producto Interior Bruto (PIB), por encima de otros sectores como la construcción (14%), el comercio (12%) o la sanidad (12%), según el informe elaborado por el World Travel & Tourism Council (WTTC), que cifra, además, en 2.8 millones el número de empleos que genera el turismo. Esto significa que el turismo en España genera siete veces más puestos de trabajo que la automoción y casi tres veces más que el sector financiero.

En 2019 se mantuvo la tendencia y el país logró un nuevo récord de turistas extranjeros, con 83.7 millones de viajeros internacionales y un gasto de 92,337 millones de euros, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE). Con estas cifras, España se mantuvo, por tercera vez consecutiva, como el país más competitivo del mundo en términos turísticos, según el informe sobre competitividad en viajes y turismo que publica cada dos años el World Economic Forum (WEF), que destaca los excelentes recursos naturales y culturales como la gran ventaja competitiva del país frente a otros destinos.

A este crecimiento contribuyeron de forma notable los destinos urbanos, ayudando así a la desestacionalización del sector. En este contexto, Málaga volvió a batir en 2019 un nuevo récord turístico y se convirtió en el destino urbano de España que más creció. Según el Observatorio Turístico de la Ciudad, Málaga recibió el año pasado a un total de 4.7 millones de visitantes, de los que casi 2.6 millones fueron turistas y el resto excursionistas. Algo más de la mitad de los turistas (1.4 millones) se alojaron en los hoteles de la ciudad, lo que supone un incremento del 3% con respecto a 2018. Estos viajeros generaron casi 2.8 millones de pernoctaciones, un 5.7% más.

En México, con base en el informe ya citado del WTCC, se considera que el turismo aporta más del 8% del PIB, solo detrás de las remesas y del petróleo, y genera 4,568,500 empleos, el 8.6% de los empleos que se generan en el país. El número de turistas internacionales en el año 2019 fue de 45 millones, creciendo un 8.7% en comparación al mismo periodo del año anterior, y colocando a México en el séptimo lugar en cuanto a llegada de turistas internacionales. Estos viajeros generaron un total de 24,562 millones de dólares en divisas. Sin embargo, a pesar de estar colocado en el top ten de llegada de turistas internacionales, México se coloca en el lugar 22 de acuerdo con el informe sobre competitividad en viajes y turismo del WEF mencionado anteriormente. Los aspectos culturales y, en especial los naturales de México lo califican muy alto, pero aspectos estructurales como la sostenibilidad y la seguridad hacen que no logremos estar más arriba en materia de competitividad turística.

La importancia del turismo en México está representada principalmente por los destinos de sol y playa (donde se concentra más del 80% de los visitantes internacionales), entre los cuáles destacan los de Quintana Roo, que en 2019 recibió más de 23 millones de visitantes, entre turistas y excursionistas. Los dos destinos más relevantes de México son sin duda Cancún y Riviera Maya, que en el mismo año han recibido 6 y 6.5 millones de turistas, respectivamente.

Y pese a la importancia del sector turístico para ambos países, aún existen algunos sectores de la sociedad – y de la administración- que ven el turismo como un asunto menor. En su imaginario, el turismo sigue representando un modelo de poco valor añadido, con escasa capacidad de generar riqueza (y no solo referido a la económica) y poco dado a la innovación.

En España por ejemplo, hay un dato que pese a que pueda parecer anecdótico no lo es en absoluto: en la democracia española el turismo no ha tenido nunca rango ministerial. Y en México aún hay algunas voces que apuntan a quitarle el rango de Secretaría, como se intentó hacer hace ya una década.

La situación generada por el COVID-19 y sus impactos en el sector deben hacernos más que nunca estar unidos e impulsar un llamado a situar el turismo entre las grandes prioridades de nuestros países.

Turismo sostenible, avances y perspectivas

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Las críticas al turismo generalmente han sido impulsadas desde los sectores académicos y de la sociedad civil, derivados de los estudios e investigaciones realizadas acerca del impacto negativo de la actividad; muchos han sido los foros, los libros y publicaciones que han abordado la problemática y, sin embargo, las noticias desde los sectores gubernamental y productivo siempre sonaban positivistas, como si consideráramos que el crecimiento del turismo era sinónimo de éxito, y aludiendo a ese dicho de “más es mejor”.

Sin embargo, en los últimos años las críticas empezaban a ser más ruidosas y las señales de contestación social afloraron en algunos destinos debido al desmedido aumento del número de turistas, en especial en aquellos destinos de ciudad. De esa forma, se fue generando un fenómeno complejo en algunos países, incluyendo España: como la oferta hotelera era insuficiente para cubrir la demanda, aumentó el número de viviendas de uso turístico, que a su vez aumentaron gravemente la concentración y provocaron la turistificación de los destinos que no están tan capacitados para recibir a tantos visitantes. En los destinos de Quintana Roo tal vez el caso no sea haya potenciado tanto como en otros destinos, pero es cierto que los impactos que genera la actividad son claros, y que el crecimiento turístico de la oferta hotelera está llegando a niveles que sobrepasan la capacidad de carga para la que han sido diseñados.

El ya famoso “overtourism” fue un detonante importante para que muchos de los destinos turísticos a nivel global empezaran a tomar medidas y a tratar de controlar la llegada desmedida de turistas y sus impactos en ciudades, espacios naturales y comunidades rurales (aunque en menor medida), y tratando de regular estos fenómenos y evitar que el turismo muriera de su propio éxito.  En este contexto, también se empezó a hablar cada vez más de la importancia de la sostenibilidad medioambiental, social y cultural de los destinos.

En el caso de Málaga también se dieron muestras de masificación turística en algunos puntos del Centro Histórico, pero en general el idilio de Málaga con el turismo estaba muy vivo antes de la irrupción del COVID-19.  Hay que tener en cuenta que la ciudad de Málaga, pese a ser la capital de la Costa del Sol y, por tanto, estar enmarcada en uno de los destinos turísticos más importantes de España, por diversas razones históricas había vivido durante muchos años ajena al sector turístico. Sólo en los últimos veinte años la ciudad se acerca al turismo y lo hace, no de la mano del segmento vacacional de sol y playa, tan asociado a veces a la masificación, sino del segmento cultural, gracias a una apuesta municipal por la apertura de importantes museos y centros expositivos, lo que contribuyó a diversificar los flujos turísticos y generar un turismo poco estacional.

Precisamente, la ciudad ostenta este año el título de Capital Europea de Turismo Inteligente, otorgado por la Comisión Europea, reconociendo así que Málaga es un destino líder en accesibilidad, sostenibilidad, digitalización y patrimonio cultural y creatividad. No en vano, el destino lleva muchos años incorporando los conceptos de sostenibilidad, innovación y cultura en sus planes estratégicos. El trabajo realizado en todos estos ámbitos llevó incluso a que Naciones Unidas, a través de la agencia UNITAR, estableciera en Málaga el centro CIFAL, dedicado especialmente a la formación en materia de turismo sostenible.

Por otro lado, los destinos de Quintana Roo y especialmente Cancún fueron destinados desde su inicio para atender una demanda de turistas internacionales, y fueron planeados considerando criterios avanzados para su época; sin embargo, de la planeación a la implementación se dejaron algunos temas de lado, y pronto se convirtió en un “éxito“ turístico pero con impactos ambientales y sociales que, como hemos comentado, empiezan cada vez más a salir a la luz.

Esto ha dado pie a que ahora la administración estatal (subnacional, en Quintana Roo) haya trabajado en el desarrollo de un nuevo instrumento de planeación, que identifica estos problemas, los trae a la luz desde el sector público y plantea soluciones estructurales para tener mejores resultados a largo plazo; el Plan Maestro de Turismo Sustentable: Quintana Roo 2030 pone bases importantes para la sostenibilidad del sector.

Cancún, que recién cumplió sus primeros 50 años, tiene una oportunidad histórica de reinventarse, de tomar decisiones (como se hizo en los años 60) con una visión a futuro, y de voltear a ver hacia afuera, en especial a ciudades como Málaga de las cuáles se puede aprender y con la cual se puede trabajar como un modelo de trabajo y posicionamiento diferente en destinos costeros.

¿Hacia donde nos llevaba el futuro? En líneas generales, el crecimiento del turismo mundial había sido una expresión más del crecimiento económico y, pese a las buenas cifras, que arrojaba en todo el mundo, había alarmas que llevaban ya tiempo encendidas: turismo masivo, servicios de bajo coste, gentrificación, desmedido número de viajes aéreos… Las previsiones para 2020 y más allá iban en esta línea (incluso se hablaba de superar con creces las estimaciones que había hecho la OMT para 2030), pero la llegada del coronavirus SARS-CoV-2 lo trastocó todo.

COVID-19, la enfermedad que nos cambió

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El año 2020 parecía iniciar con la normalidad de otros años; empezaba a ser noticia un brote nuevo de coronavirus que empezaba a expandirse rápidamente en China (principalmente en Wuhan) y en algunos otros países europeos, destacando Italia y España, aunque no se dimensionaba aún el problema y los cambios derivados de su impacto que habría en la salud, en las actividades económicas, en el turismo y en la sociedad en general.

De acuerdo con datos de WTTC, se están perdiendo cada día cerca de un millón de empleos, y la cifra podría llegar hasta 100 millones en los próximos meses; la OMT ha estimado que el sector podría disminuir hasta un 75% la llegada de turistas internacionales durante el año 2020, lo cual lleva a identificar esta como la peor crisis en el turismo.

España ha sido uno de los países más duramente golpeados. Los datos del Ministerio de Sanidad cifran en algo más de 27,000 el número de muertes desde el pasado 1 de marzo. Sin embargo, los números podrían ser mucho más altos, ya que desde esa misma fecha se han registrado en el país 43,295 muertes más de las esperadas en una situación normal, lo que supone un 52% de exceso. En México, las cifras (considerando datos oficiales) de contagios y muertes no han sido tan duras como en otros países; a la fecha se cuentan 85,000 casos confirmados y alrededor de 9,500 muertes, aunque en el momento de escribir este artículo aún se espera un aumento en los casos.

Desde que el 14 de marzo el Gobierno decretó el estado de alarma, España ha estado 60 días casi totalmente paralizada, con el consiguiente impacto en la economía y, por supuesto, en el turismo, ya que el tráfico aéreo fue suspendido, las fronteras cerradas y todos los negocios de hostelería clausurados. Según las cifras del Ministerio de Economía, el PIB español se contraerá fuertemente, hasta un 9.2%, este año por la caída de la demanda interna. Hay que recordar que la pérdida de puestos de trabajo en los meses de marzo y abril ha sido la más fuerte de la historia reciente del país.

En México, la situación ha sido similar, y uno de los sectores más afectados ha sido el turismo; el Centro de Investigación y Competitividad Turística Anáhuac ha estimado que la reducción estimada en el consumo turístico para 2020 en México es de 1.6 billones de pesos, una contracción de 49.3% con relación al año previo. Con ello, el PIB turístico se reduciría a una participación estimada en el PIB nacional de 4.9%, siendo que en 2018 la proporción fue del 8.7%. Se estima también una pérdida del 27% del empleo turístico, es decir, poco más de un millón de personas podrían perder su empleo derivado de la contingencia, y el impacto más fuerte que ha tenido y tendrá el COVID-19 será en los micro, pequeños y medianos negocios, que representan cerca del 80% del total del negocio turístico.

En Andalucía, el informe sobre la perspectiva económica tras la pandemia, elaborado por Analistas Económicos de Andalucía, pone de manifiesto el peso específico de la industria turística en la región, ahondando especialmente en el daño que la crisis sanitaria ha provocado de cara a la temporada de verano en zonas como la Costa del Sol.

Málaga es la provincia andaluza que peores augurios soporta debido a su alta dependencia del sector servicios, con un desplome del PIB estimado en el 9.3%. Los expertos subrayan que, al término de 2020, la tasa de paro se situaría en el 27.3%, aunque podría llegar a superar el 29% si la vuelta a la normalidad se retrasa. Y es que, por primera vez en muchos años, la actividad turística de Málaga y la Costa del Sol ha sido reducida a cero.

Y lo mismo ha sucedido en Quintana Roo y en específico en Cancún; a pesar de los esfuerzos llevados a cabo por muchos actores, suman 83,000 los empleos perdidos en Quintana Roo, y las estimaciones más positivas apuntan a una recuperación de alrededor de 50% para finales de este año. Sin duda, un impacto como nunca antes se había visto en el sector.

¿Qué sigue? ¿Cómo nos levantamos de la lona?

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Todo parece indicar que la normalidad tardará en llegar. Y cuando llegue no será la normalidad que conocíamos: de hecho, se habla ya de una nueva normalidad. Además, no sabemos hasta qué punto va a afectar al turismo el factor miedo. Al menos en una primera fase, ¿van los turistas a volver a concentrarse durante horas en un mismo espacio para entrar a visitar un monumento o museo, o pasar tiempo en alguna playa? ¿Pagará la gente por estar una semana encerrada en un crucero?

Parece evidente que nuestros destinos necesitan terminar de afinar los análisis del impacto que ha supuesto un golpe tan grande como el del COVID-19, que ha dejado a nuestro sector turístico tendido en la lona. Posteriormente, será necesario poner en marcha un plan de rescate. No es posible social ni económicamente dejar tirados a tantos trabajadores. La tercera fase será la del plan de recuperación.

En este sentido, España está liderando una iniciativa a nivel europeo, en la que participan nueve países de la UE, para proponer de manera conjunta un plan de recuperación para apoyar y relanzar el sector turístico. Se trataría de una especie de frente común del Sur de Europa para relanzar el sector.

Esta propuesta para elaborar un plan de recuperación recoge tres pilares clave. El primero de ellos es establecer protocolos homogéneos para garantizar una movilidad segura entre países miembros. Luego está la atención a la problemática específica de cada país y de los territorios más afectados. Después, los países reclaman la habilitación de fondos para ayudar a empresas y trabajadores del sector.

En lo que respecta a España, el Instituto para la Calidad Turística España (ICTE) ha puesto en marcha unos protocolos específicos para implementar un sello de calidad que garantice la seguridad de los alojamientos y recursos turísticos, aunque la disparidad de criterios entre destinos y comunidades autónomas puede convertir esta iniciativa en papel mojado.

En el caso concreto de Málaga, el Foro de Turismo ha aprobado recientemente el Plan de Reactivación Turística, con el que se busca recuperar la fortaleza y el dinamismo del destino una vez que se vuelva a la normalidad tras el periodo de crisis provocado por la pandemia de coronavirus. Este plan, que cuenta con la participación de los diferentes actores del sector y que engloba tanto acciones en materia turística como de captación de inversiones, se apoya sobre los pilares de la seguridad, el emprendimiento, la formación y el empleo, la innovación, la promoción y la sostenibilidad.

En México, a nivel nacional, las cosas han ido un poco más lentas. A la fecha del articulo ha habido algunos intentos de la administración federal por impulsar la recuperación, pero sin mayor impulso; pero a nivel local ha sido lanzado el Plan de recuperación en Quintana Roo, conformado por semáforos que indicarán cuando se puede ir regresando a actividades esenciales (como el turismo) y algunas otras no tan esenciales ha sido líder en el desarrollo de protocolos de sanidad, avalados incluso por el WTTC, y ha presentado ya dos campañas de promoción para recuperar la confianza del turista, aún falta por llegar una respuesta más sólida a nivel nacional y local para enfrentar este grave problema.

Lo que es cierto es que cada vez hay más voces, tanto en España como en México, que se alzan para pedir un replanteamiento del turismo, y evitar que esta “nueva normalidad” vaya a parecerse mucho a la vieja normalidad que empezaba a traernos diversos conflictos. ¿Nos animamos por fin a poner en marcha un nuevo modelo?

El turismo sostenible como oportunidad

Sería un desastre que tras este fuerte golpe volviéramos a un turismo que crecía mucho, pero que con ese crecimiento traía también masificación, sobreoferta, baja rentabilidad, pérdida de autenticidad, deterioro de los recursos naturales y culturales, trabajo precario y hasta rechazo en muchas ciudades. Por el contrario, parece llegado el momento de reconectar con la ciudadanía, readaptar las estructuras, renovar nuestros recursos turísticos y convencernos de que sin sostenibilidad no hay futuro. En este sentido, proponemos los pilares sobre los que se debe asentar este nuevo turismo:

SEGURIDAD: Incluso una vez superada la alerta sanitaria en la mayor parte de los países, la sensibilidad por la seguridad se va a mantener. Es por ello fundamental que los destinos turísticos sean percibidos como lugares seguros y con un sistema sanitario sólido. Es necesario transmitir información práctica (medidas adoptadas por autoridades sanitarias, limitaciones existentes si las hay, etc.), ya que será determinante convencer al consumidor final de la seguridad final del destino (restaurantes, hoteles, recursos turísticos, etc.). Sería un error transmitir la imagen de que se quiere reiniciar la actividad turística a la mayor brevedad posible sin protocolos. El mensaje más conveniente, en cambio, es el de que la prioridad de garantizar la total seguridad de los visitantes y turistas, primando su salud y bienestar por encima de cualquier otra consideración.

DIGITALIZACIÓN: El uso de la tecnología en turismo se acelerará a partir de esta pandemia; surgirán cada vez más soluciones para evitar contacto físico en procesos como reservaciones, pagos, seguridad en aeropuertos, check in en hoteles y demás. Se empezaba ya a hablar de soluciones como biometría, identidad digital, viajes no cash, que empezarán a normalizarse en los siguientes meses, y surgirán nuevas formas de aprovechar la tecnología para evitar contacto físico y con ello, posibles contagios de COVID-19, que ha quedado para quedarse.

COMUNICACIÓN Y PROMOCIÓN: En esta crisis se ha demostrado que el consumo de información de viajes en redes sociales ha aumentado, especialmente de noticias con emocional. Parece evidente que la nueva comunicación tendrá que beber de marketing social, que se centre en los valores y emociones y no en la venta de productos.  El brote del COVID-19 supondrá que la conectividad digital se integre más aún en los hábitos cotidianos de los consumidores, lo cual permitirá que haya menos barreras para buscar más activamente soluciones tecnológicas que les ayude buscar motivaciones para viajar.

Nacerá así una nueva era de consumo en la que los destinos tendrán que adaptar sus contenidos a nuevas creatividades para atender a las nuevas necesidades de los viajeros, mejorando la experiencia del consumidor con realidades virtuales para ampliar las oportunidades de viaje a ese destino. Es importante disipar la imagen negativa que puedan tener los destinos y cambiar la percepción del viajero proporcionando información sobre todos los esfuerzos realizados frente al brote, en primer lugar para la seguridad de los residentes y en un momento posterior para los viajeros.

BIG DATA: El análisis de los datos no será ya una opción, sino una obligación. Si hasta ahora el Big Data ha sido usado por los destinos como una forma de mejorar la gestión de los flujos turísticos, en esta nueva etapa será también una exigencia de los propios viajeros, que no querrán acudir a sitios masificados o en los que tengan que estar mucho tiempo en cola.  El uso del Big Data será, por tanto, primordial para ofrecer a los turistas distintas alternativas en sus visitas en el destino y evitar así que acudan a lugares en los que haya más de un determinado número de personas. No podemos olvidar, además, que, pese a la incertidumbre, es necesario analizar qué destinos están recibiendo visitas virtuales, de cuáles se está hablando, por qué se están mirando unos y no otros, qué servicios turísticos están tomando medidas para adaptarse a la nueva situación. La escucha activa es ahora imprescindible porque eso será lo que nos permita poder tomar decisiones en el futuro.

DIVERSIFICACIÓN: Esta pausa puede ser una interesante oportunidad para apostar por la diversificación de la oferta turística, en especial en destinos que dependen de un solo modelo de turismo. Si el turista está buscando sitios menos concentrados, habrá un impulso al viaje familiar, carretero y de corta estancia, y se buscarán sitios donde haya mayor contacto con el entorno, actividades de turismo relacionadas con la naturaleza y en el medio rural pueden tener cabida entre turistas locales y, en su momento, internacionales. Para ello, hay que identificar esta posible oferta complementaria, sus condiciones, sus limitaciones y, sobre todo, trabajar de la mano de las comunidades locales para definir si quieren desarrollar turismo y cómo hacerlo, para evitar conflictos como las de la “vieja normalidad”.

SOSTENIBILIDAD: El cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no tiene vuelta atrás. En paralelo a la demanda de seguridad, el nuevo viajero va a exigir a los destinos que cumplan con todos los parámetros de higiene y cuidado medioambiental, pero también que sean social y económicamente responsables. En ello va también su propia seguridad. En este sentido, es necesario seguir apostando por aquellos certificados que pongan en valor la calidad del destino y el cumplimiento de los ODS. La Agenda 2030 tiene que consolidarse como la hoja de ruta para la reconstrucción de nuestros destinos turísticos.

Es simple. Sin sostenibilidad no hay futuro, sin futuro no hay turismo.

Al turismo, un respeto

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Hay un sector nada despreciable de la sociedad española que ve el turismo como un asunto menor. En su imaginario, el sector turístico es algo de los años 60, de Alfredo Landa, las suecas y el despiporre urbanístico de algunas localidades del litoral. En contra de lo que pudiéramos pensar no ésta únicamente una opinión generalizada entre personas poco informadas. Tampoco en círculos políticos se le concede mucha importancia. Prueba de ello es que pese a las numerosas promesas jamás en democracia ningún presidente elevó la política turística a rango ministerial. Como mucho, fue sólo una coletilla para acompañar la Industria, el Comercio o la Energía. Este asunto es especialmente sangrante en nuestros días. Tenemos 22 ministerios, pero ninguno de ellos es para el sector que aporta el 14% del PIB del país.

Hace unos días, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, vino a reavivar esta histórica polémica asegurando que el turismo era un sector de poco valor añadido, estacional y de baja cualificación. Se ve que, pese a ser malagueño, el ministro conoce poco el turismo. Quizá en su mente el sector turístico sigue siendo algo para gente que sirve platos en un chiringuito porque no vale para otra cosa. Si hubiera pedido consejo a alguno de sus asesores o si hubiera puesto un poco de interés en reunirse con los que saben del asunto turístico quizá se habría sorprendido al conocer que España es el país más competitivo del mundo desde el punto de vista turístico, según el informe que anualmente elabora el World Economic Forum. O que España está entre los cinco países con más estrellas Michelín. O que nuestro país tiene alguno de los centros de formación turística más prestigiosos del mundo. No en vano, desde su fundación, Madrid acoge la sede de la Organización Mundial del Turismo (OMT).

Como no podemos creer que el ministro haya actuado por mala fe, no cabe más que pensar que el señor Garzón ha pecado de ignorante. Porque, a poco que se hubiera informado, sabría del enorme esfuerzo que ha hecho el sector turístico en materia de innovación y desarrollo. Pocos sectores como el turístico han trabajado tanto por mejorar sus procesos mediante el uso de avanzadas tecnologías, pocos han integrado el uso analítico de datos y la inteligencia artificial como el turismo. ¿Que hace falta seguir mejorando? Por supuesto. ¿Que no está todo el camino andado? También. ¿Que hay que incrementar los esfuerzos para conseguir una mayor sostenibilidad? Evidentemente. Yo mismo llevo dedicándome a ello años. Pero hablar, por ejemplo, de la estacionalidad como un asunto que afecta a todo el sector demuestra no saber de qué se está hablando. ¿O caso se atrevería el ministro a decir que el turismo de Málaga capital o el de Sevilla o el de Granada son estacionales?

¿Que hay que diversificar la economía? ¿Quién lo duda? Pero no se haga eso para tirar por tierra nuestro principal sector económico. Póngase el acento en la debilidad del resto de los sectores, no en la fortaleza del que funciona. Eso no se le ocurre ni al que asó la manteca. Por eso, no es de extrañar que en un sector tan poco dado a la unidad y el consenso las declaraciones del ministro hayan provocado el rechazo unánime. Sobre todo si éstas llegan en un momento como en el que estamos atravesando, en el que turismo requiere de más apoyo y compromiso que nunca. Si no, miren lo que están haciendo el resto de los países de nuestro entorno.

De hecho, la mayor parte de los países europeos están cuidando su imagen más que nunca para mantener un sector que aporta más del 10% del PIB de la UE y da trabajo a más de 27 millones de personas, según cálculos comunitarios. Las ayudas en todos estos países se cifran ya en miles de millones, algo que también pide el sector turístico español para sí. La zanahoria, sin embargo, aún no ha llegado. Aquí siguen aguantando el palo.

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El sello Safe Tourism confirma que España lidera la calidad turística

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En estos días hemos ido conociendo detalles de los requisitos que deberán cumplir los diferentes servicios turísticos para obtener el sello Safe Tourism Certified, que ha diseñado el Instituto para la Calidad Turística de España (ICTE) en colaboración con la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT). Estamos hablando de documentos muy bien trabajados con los que, una vez más, España muestra su liderazgo en materia de calidad turística. De hecho, ya son muchos los países que se han interesado en la propuesta española para poner en marcha iniciativas similares.

Este sello servirá como marca de garantía y certificación de implantación del Sistema de Prevención de Riesgos para la Salud frente a la Covid-19. Como en otro tipo de sellos, no es una certificación obligatoria, pero obviamente añade un plus de calidad y da garantía a los usuarios. En cualquier caso, para obtenerlo, las empresas, organizaciones y recursos turísticos deberán superar una auditoría. Serán las empresas auditoras que vienen trabajando con el Sistema de Calidad Turística Española, representado por la Marca “Q”, las únicas reconocidas para realizar la auditaría, que abarca 21 subsectores y un ámbito geográfico estatal. Las firmas son Adok Certificación, AENOR, APPLUS, Bureau Veritas, OCA Global, SGS y Tüv Rheinland. 

Además, se ha dado luz verde al inicio del proceso para la internacionalización de estos protocolos en el ámbito normativo internacional que representa ISO. Previamente, se convertirán en especificaciones técnicas públicas en el seno de UNE, organización que ya ha mostrado su disposición a colaborar para favorecer esa transición de forma inmediata.

En el caso de los hoteles, los establecimientos que quieran incorporar el sello deberán asumir un compromiso firme con la gestión del riesgo, liderando la implementación sistemática de medidas dirigidas a minimizarlo. La gestión del riesgo debe formar parte de todos los procesos del establecimiento; por ello, los distintos procesos deben estar coordinados entre sí. El hotel, sobre la base de la evaluación de riesgos, elaborará un plan de contingencia que debe detallar las medidas concretas que va a adoptar para reducir los riesgos de contagio por COVID-19. Esta actividad preventiva se procurará realizar previa a la vuelta a la actividad. Por exigencia legal en el proceso de confección de la adaptación de la evaluación de riesgos y en los protocolos de seguridad y salud resultantes, deben ser consultados los delegados de prevención o los representantes de los trabajadores, aunque sería conveniente que ese plan de contingencias fuera fruto del consenso entre la empresa y el comité de salud o seguridad (o el comité de gestión en su defecto).

Son muchas las medidas que incluye el protocolo, pero entre otras cosas, el hotel deberá planificar las tareas y procesos de trabajo de tal forma que se garantice la distancia de seguridad establecida por las autoridades sanitarias; la disposición de los puestos de trabajo, la organización de la circulación de personas y la distribución de espacios (mobiliario, estanterías, pasillos, etc.) en el centro de trabajo debe adaptarse si fuera necesario. En caso de imposibilidad, se tomarán medidas alternativas para evitar el riesgo de contagio por contacto.

En caso de que existan turnos, éstos deben planificarse siempre que sea posible de forma que se concentren los mismos empleados en los mismos grupos de turnos. Igualmente, si el personal precisa cambiarse de ropa, debe habilitarse un espacio que permita también asegurar dicha distancia de seguridad o establecer el aforo máximo de los vestuarios de personal, si lo hubiere. Además, se debe mantener el distanciamiento interpersonal en reuniones internas. Igualmente, se deberá evaluar la presencia en el entorno laboral de trabajadores vulnerables frente a la COVID-19 y deberá determinar las medidas específicas de seguridad para este personal. También, tendrán que tener termómetros sin contacto.

Si no puede asegurarse la desinfección del método de control horario con contacto (huella, dígitos) en caso de que lo hubiere, implementar un método de control horario que evite el uso de una misma superficie por parte de distintos empleados. En caso de que se opte por la desinfección tras cada uso, debe asegurarse la disponibilidad de una solución desinfectante.

Por otro lado, los hoteles deberán asegurar la adecuada protección de los empleados, facilitando el lavado de manos con agua y jabón y, si esto no es posible, el uso de solución desinfectante; facilitarán tiempo y medios para la correcta higiene de manos; proporcionarán los EPI adecuados previa evaluación de riesgos laborales. En caso de que algún servicio se encuentre subcontratado, el hotel supervisará que el personal cuenta con los equipos de protección individual necesarios. Además, establecerán normas de uso de las instalaciones en la que se desarrolla el trabajo y los espacios compartidos para mantener la distancia de seguridad (en ascensores, comedores, accesos y zonas comunes, vestuarios, por ejemplo).

En todas las actividades se deben respetar las distancias de seguridad interpersonal. Para ello y cuando sea necesario, se deberá realizar el correspondiente control de aforos. En caso de que no sea posible, deben garantizarse las medidas y equipos de protección necesarios. El hotel debe determinar, en función del tipo de uniforme, el tipo de limpieza a aplicar y su frecuencia de lavado. Dado que el uniforme sólo se debe utilizar durante la jornada laboral, se recomienda que el establecimiento se haga cargo del lavado de ropa de trabajo del personal junto con la lencería propia, debiendo asegurar la limpieza de la misma a una temperatura >60ºC. En el caso de que el lavado del uniforme del personal se haga en el domicilio del personal, el establecimiento debe informar a los empleados de que el lavado debe realizarse a >60ºC. La ropa de trabajo debe introducirse en una bolsa cerrada si el personal la transporta al domicilio. En aquellos casos en que los uniformes no puedan ser lavados a dicha temperatura, se deberá proceder a una adecuada desinfección.

El personal debe conocer el plan de contingencia diseñado y, de forma específica, sus responsabilidades en el marco de la gestión del riesgo. Entre otras cosas, el personal debe contar con una información clara e inteligible, y formación específica y actualizada sobre las medidas específicas que se implanten; evitar el saludo con contacto físico, incluido el dar la mano, tanto al resto de personal como a clientes; atender al resultado de la evaluación de riesgos de cada puesto de trabajo, que determinará la obligatoriedad o no de utilizar mascarilla y las características de ésta en función de la tarea a desarrollar (p.e higiénica, quirúrgica), así como el tiempo de uso de acuerdo a sus características.

Son muchas más las medidas incluidas en el protocolo. Todo este trabajo demuestra que el sector turístico español no ha estado mano sobre mano durante el periodo de confinamiento. Sólo hace falta ahora que estas medidas contribuyan a que más pronto que tarde nuestro turismo recupere la fuerza y la potencialidad que le caracterizan, aunque medidas como la anunciada hoy -la cuarentena de 14 días para todo aquel que entre en España desde un país extranjero- suponen que este verano el turismo internacional siga muerto. En este enlace se puede conocer más sobre las medidas incluidas en el protocolo: https://www.mincotur.gob.es/es-es/COVID-19/GuiasSectorTurismo/Hoteles.pdf

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¿Recuperamos los carteles históricos de la promoción turística de España?

 

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Hace unos días hemos sabido que el Ministerio de Turismo italiano ha decidido recuperar los magníficos carteles de los años 20 del pasado siglo para promocionar el país e incentivar las llegadas de turistas tras la crisis generada por la pandemia de coronavirus. Inmediatamente, las redes sociales en España se han hecho eco de esta iniciativa y no son pocos los que han empezado a reclamar que Turespaña, el Instituto de Turismo de España, haga lo propio con los extraordinarios carteles que se editaron en nuestro país durante el primer tercio del siglo XX.

La idea no es descabellada. De hecho, la promoción turística no es algo que haya nacido en nuestros días. Guy Georget fue uno de estos ilustradores publicitarios que se consagraron desde el sector de los carteles para compañías de viajes. En su caso, su salto a la promoción turística llegó de la mano de Air France. Rápidamente, la Oficina de Turismo de España vio un filón en el artista, que tenía claras influencias de Braques y de Picasso.

Así, España y sus estereotipos se transformaron en bodegones cubistas a la cabeza de las tendencias internacionales en arte y publicidad, algo que no duró mucho para dejar paso a una gráfica más cañí y superficial. Sin embargo, la gráfica turística española había nacido mucho antes, durante la I Guerra Mundial, cuando se quiso hacer valer que el país no participaba de la contienda y, por tanto, se encontraba en disposición de recibir turistas y visitantes.

En 1914 España organizó en Londres la exposición Sunny Spain, en la que William Barribal puso imagen a este lema, que acabaría por hacer historia. A partir de aquí el turismo empieza a entenderse como piedra angular del negocio español y el sol como el producto patrio por excelencia para guiris, unas veces con más fortuna que otras, siendo reflejo de la cultura y el arte (o ausencia de los mismos) del momento, desde el primer boom de finales de los años 20 con la creación del Patronato Nacional de Turismo y la Exposición Universal de Barcelona a los años más grises de la posguerra, pero también el nacimiento de la cultura del turismo de los 50 y el mítico Spain is different que perdura hasta nuestros días no sin cierto aire sarcástico y de parodia. ¡España, sol, playa, toros, sevillanas, procesiones, paella, sangría y olé!

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Estos carteles demuestran que no siempre la interpretación del folclore nacional se ha hecho de forma casposa. Por el contrario, Turespaña ha sido un ejemplo en todo el mundo con sus exitosas campañas –muchas veces premiadas- y que tienen en el sol de Miró, adoptado como símbolo, el elemento culmen de esta promoción. No sé si finalmente Turespaña decidirá o no sacar del baúl de los recuerdos sus históricos carteles, pero lo cierto es que adentrarse de vez en cuando en ellos supone recordar nuestra fructífera historia turística.

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¿Puede existir un certificado anti Covid?

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Las prisas no son buenas consejeras. Es normal que el sector hotelero esté ansioso por abrir sus establecimientos después de tantos días de cierre forzoso por la pandemia. Es normal también querer ofrecer a los clientes ciertas garantías de seguridad e higiene, ya que estos van a ser los parámetros sobre los que se asiente la reconstrucción del turismo. Sin embargo, estamos asistiendo estos días a una loca carrera por diseñar distintos certificados ‘Covid free’. Y eso no tiene ningún sentido. O el certificado tiene las suficientes garantías y es asumido por la mayor parte del sector o, sencillamente, no servirá de nada. O, mejor dicho, servirá para aumentar la confusión entre los turistas.

Es más. No nos olvidemos de que todavía hoy desconocemos muchísimo del funcionamiento del coronavirus. Por lo tanto, dar la falsa impresión de que los hoteles certificados están totalmente libres del dichoso bicho puede acarrear unos problemas enormes. Ese mensaje tan poco homogéneo no transmite precisamente la seguridad que hoy necesita el sector turístico. Debería haber un protocolo nacional e incluso europeo, con normativas ISO, por ejemplo.

De hecho, AENOR certificará las buenas prácticas en la gestión de los riesgos derivados de la Covid-19 para todo tipo de instalaciones y servicios como puedan ser medios de transporte, centros industriales, comercios, establecimientos hoteleros o de restauración, oficinas o servicios socio-sanitarios. De esta forma, apoya la vuelta progresiva a la normalidad de estas instalaciones y servicios.

Para ello, contrastará los protocolos establecidos por las organizaciones con una guía que ha desarrollado sobre la base de las recomendaciones y requisitos de distintos documentos nacionales e internacionales, emitidos por organismos como el Ministerio de Sanidad o el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. Asimismo, la guía se enriquece con el profundo conocimiento de AENOR sobre la realidad de los sectores, teniendo actualmente certificados más de 75.000 centros de trabajo en todo el mundo.

Esta certificación impulsa la confianza entre todos los colectivos; un aspecto clave para la recuperación económica y social de los efectos de la crisis del coronavirus. Las instalaciones y servicios que se sometan a la auditoría de AENOR, por un lado, tendrán la seguridad de estar aplicando protocolos adecuados y, por otro, demostrarán ante clientes, empleados y público en general su compromiso para evitar la propagación del COVID-19.

La certificación de protocolos de buenas prácticas por AENOR consistirá en evaluaciones exhaustivas tanto presenciales como documentales y podrá aplicarse a instalaciones actualmente en funcionamiento o a las que reabran tras el paréntesis derivado del Estado de Alarma. Esta certificación apoya los esfuerzos de todo tipo de sectores y puede abarcar distintas instalaciones, sea en España o en otros países.

Mientras tanto, desde la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT) ya han indicado que lo ideal sería que una agencia europea convalidara, acreditara y controlara los protocolos nacionales para garantizar la seguridad sanitaria en todo el turismo europeo. Por su parte, el Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE) ha alertado de la aparición de documentos con protocolos anti Covid-19 para el sector turístico que no tienen validez alguna, ya que no han sido refrendados por el Ministerio de Sanidad.

Por su parte, la Secretaría de Estado de Turismo señaló la semana pasada que el Instituto sería el encargado de preparar un Proyecto Nacional de Especificaciones Técnicas y Sello de Garantía para la Prevención de la Covid-19, basándose en las aportaciones de las patronales empresariales, los sindicatos, las autoridades sanitarias y las administraciones públicas. Todas estas aportaciones se volcarán en una guía que previsiblemente se publicará la semana que viene con la apertura de los establecimientos hoteleros, en la ansiada fase 1 de la ‘desescalada’.

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