Posteado por: franciscopastor | marzo 15, 2016

Sachsenhausen, una visita imprescindible

Nunca he estado de vacaciones en Berlín. Sin embargo, desde 2004, todos los años, en el mes de marzo, visito la capital alemana para participar en la ITB. Puede parecer una contradicción pero lo cierto es que las ferias turísticas dejan poco lugar para el turismo. Para ver algo -de la ciudad en la que se celebra la feria, quiero decir-, hay que aprovechar muy bien los escasos tiempos libres. Así, después de doce ferias de Berlín a mis espaladas, puedo decir que conozco los principales monumentos y atractivos de la ciudad. Me quedaba, no obstante, una visita que había ido, por diversas razones, postergando.

Este año, por fin, he estado en el antiguo campo de concentración de Sachsenhausen. No es, desde luego, una visita agradable. Pero estoy convencido de que es una de esas cosas que hay que hacer alguna vez en la vida. Aunque sólo sea para no olvidar. O para vacunarnos contra ese virus siempre peligroso que supone repetir la historia. Sé que hay campos cuya visita puede ser aún más dolorosa, pero Sachsenhausen está en el origen. Allí, a poco más de 40 kilómetros de la Puerta de Brandeburgo, se gestó todo un sistema destinado a castigar mediante trabajos forzados a todos aquellos que eran considerados enemigos del Estado del III Reich.

La visita, desde luego, se puede hacer por libre. Pero si se quiere comprender todo lo que supuso aquella locura es recomendable hacer una visita guiada. La empresa www.viveberlintours.de es quizá una de las mejores opciones, ya que ofrece el recorrido de forma gratuita. Sólo hay que pagar un donativo de 1,20 euros para la Fundación de Memoriales de Brandeburgo en el punto de encuentro, que se se sitúa en el número 10 de Potsdamer Platz, delante del Café Balzac. Al final de la visita, si se ha quedado satisfecho, los turistas suelen dar al guía lo que se considere oportuno.

Eso sí, el billete de tren ABC válido para todo el día corre por cuanta del viajero. Y, lógicamente, también la comida, que hay que llevar desde el hotel porque el campo de concentración no hay ningún sitio para comprar. La hora de salida suele ser, al menos en invierno, a las 10.00 y se regresa al mismo punto en torno a las 16.00. En mi caso, la guía fue Arantza, una chica catalana que lleva siete años en Berlín y que supo transmitir a la perfección la atmósfera necesaria para introducirte en un memorial de este tipo.

Como digo, en el misma estación de Potsdamer Platz se coge el tren con destino a Oranienburg, a la que se llega en poco menos de 45 minutos tras un agradable recorrido que atraviesa los bosques del norte de Berlín. Una vez vez en la ciudad, al campo se llega bien en autobús (sale desde la misma estación de Oranienburg) bien andando, tras un agradable paseo de 20 minutos.

Una vez en las instalaciones del memorial nada puede calificarse ya con este agradable. Sachsenhausen está en un descampado, por lo que el viento corre sin ningún tipo de obstáculo y provoca un frío helador que se mete en los huesos y te hace, aunque sea levemente, meterte en la piel de aquellas más de 200.000 personas que pasaron por este centro de trabajos forzados entre 1936 y 1945 -o 1951, si se tiene en cuenta que el campo fue usado después por los soviéticos-.

En Sachsenhausen, presidido hoy por un monumento que recuerda la liberación del campo por los militares de la URSS, se han reconstruido dos de los barracones, pero hay edificios que siguen siendo los originales, como la enfermería, la morgue, la comandancia o el casino de oficiales. Puede verse también la vía que recorría el ‘batallón de los patinadores’, presos encargados de probar durante horas y horas las botas que posteriormente usarían los soldados alemanes; el lugar de los fusilamientos, la cárcel o los restos del edificio Z, en el que miles de personas fueron exterminadas.

Hay, además, una buen número de exposiciones que explican qué fue lo que pasó en la Alemania de los años 30 y qué llevó a que todo un régimen decidiera aniquilar a disidentes políticos, miembros de comunidades religiosas, judíos, discapacitados o extranjeros. De hecho, fue en este lugar en el que estuvo preso el que fuera presidente del Gobierno español durante los primeros años de la Guerra Civil Francisco Largo Caballero.

También fue conocido Sachsenhausen por la operación que permitió poner en marcha la mayor falsificación de divisas de la historia, ideada por los nazis para socavar la economía de las potencias aliadas. Tan increíble suceso fue contado en la película ‘Los falsificadores‘, ganadora de un Oscar en 2008. Es quizá la parte menos dolorosa de un campo en el que se realizaron todo tipo de abusos y que, como dije, no deberíamos dejar en el olvido.

franciscompastor@gmail.com

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